Yo al menos, asocio el delirium a aquellas situaciones que todos hemos vivido en las que nos avisan de que un paciente está agitado, ve «cosas extrañas» y vamos cargando el haloperidol. Sin embargo, la mayoría de los síndromes confusionales agudos no son tan espectaculares, y nos podemos encontrar con pacientes en los que el familiar nos cuenta tan sólo que en los últimos días «no es él». Es aquí cuando tenemos que desplegar nuestras capacidades detectivescas y buscar culpables: infecciones (la más sospechosa la urinaria), fármacos (cuidado con los anticolinérgicos y las benzos), metabólicas (deshidratación con sus consecuencias), estreñimiento, retención urinaria y una de las más comunes por lo menos en los hospitales: el cambio de entorno (o cuando va cambiando de hijos).
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